En una jornada marcada por la alta tensión política y la presión de las bases sindicales, la cúpula directiva de la Confederación General del Trabajo (CGT) ha tomado una decisión trascendental. Este lunes, la central obrera convocó formalmente a un paro general que se llevará a cabo en el preciso momento en que la Cámara de Diputados de la Nación inicie la discusión de la reforma laboral.

La determinación surgió luego de una cumbre estratégica que refleja el malestar del sector gremial ante el avance del proyecto impulsado por el Gobierno Nacional. Según pudo confirmar la Agencia Noticias Argentinas, la modalidad elegida para esta protesta será la de una huelga nacional sin movilización, una táctica que busca paralizar la actividad productiva sin trasladar la confrontación a las calles, concentrando el impacto en el cese total de tareas.

El consenso virtual de la cúpula directiva

La medida fue sellada este mediodía durante una reunión virtual de la que participaron los cotitulares de la central obrera. El encuentro remoto permitió unificar criterios entre los distintos sectores que integran la CGT, logrando una síntesis entre quienes buscaban una respuesta inmediata y aquellos que preferían esperar el tiempo legislativo.

En la mesa de diálogo digital estuvieron presentes los máximos referentes de la conducción actual:

Octavio Argüello (representante de Camioneros).

Jorge Sola (representante del gremio del Seguro).

Cristian Jerónimo (referente de los empleados del vidrio).

Fue precisamente Cristian Jerónimo quien, en declaraciones previas, había anticipado el clima de efervescencia que atraviesa el sindicalismo. El dirigente señaló que "estaban dadas las condiciones y generados los consensos colectivos para ir hacia una huelga nacional", una frase que hoy se tradujo en la convocatoria oficial. La cúpula interpretó que el avance de la reforma en el Congreso constituye un punto de no retorno que exige una respuesta institucional contundente.

Presión de los sectores combativos

El llamado al paro no surge en un vacío, sino bajo una fuerte presión de sindicatos combativos que han venido endureciendo su postura contra la gestión gubernamental. Para muchos de estos dirigentes sindicales, la etapa de las movilizaciones y las expresiones públicas de oposición en las calles ha cumplido un ciclo. Sostienen que, ante la inminencia de la sanción de la ley, ya no es suficiente con salir a la calle y que es imperativo aplicar medidas de mayor calibre.

En respuesta a estos reclamos de medidas más duras, la CGT activó la medida de fuerza para el día en que el proyecto llegue al recinto de la Cámara Baja. Aunque la agenda legislativa puede estar sujeta a modificaciones de último momento, todo indica que la fecha clave será el próximo jueves 19 de febrero. De confirmarse este cronograma, el país enfrentará una parálisis total de actividades mientras los legisladores debaten el nuevo marco normativo para el trabajo en Argentina.

Los ejes del rechazo

La férrea oposición de la central obrera no es meramente política, sino que se sustenta en una serie de puntos críticos del proyecto de reforma que, a juicio de los sindicalistas, vulneran derechos adquiridos y modifican la estructura básica de la relación laboral. La crítica se ha concentrado en capítulos específicos que son considerados innegociables por la dirigencia.

Entre las modificaciones que causaron mayor rechazo se encuentran:

Indemnizaciones: Cambios en el sistema de resarcimiento ante despidos.

Jornada Laboral: Nuevas configuraciones horarias y de descanso.

Derecho a Huelga: Limitaciones o regulaciones que la central considera restrictivas.

Vacaciones: Alteraciones en el esquema de licencias ordinarias.

Licencias por Enfermedad: Cuestionamientos profundos al nuevo esquema de licencias por enfermedad o accidentes no laborales.

Con este escenario, la CGT se posiciona en estado de alerta máxima, aguardando la confirmación de la sesión para dar inicio a una huelga que busca demostrar el poder de fuego del movimiento obrero organizado frente a lo que consideran una amenaza a la estabilidad de los trabajadores.

 
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