A partir de su propia experiencia con el sistema de salud, Havi Nguyen desarrolló una plataforma que paga salarios a quienes cuidan a sus seres queridos en el hogar. Tras levantar US$ 45 millones, la startup aspira a convertirse en el próximo unicornio de la salud.
En su primera cita con Deaunda Lira, una cena romántica de sushi en Colorado Springs hace tres años, Jesse Vega fue directo: padecía epilepsia y sufría convulsiones severas. "Podría dar miedo", le advirtió Jesse, de 49 años. Deaunda, de 52, se mostró cautelosa al principio, sobre todo tras presenciar una de esas convulsiones. Sin embargo, pronto cambió de opinión. "Es tan guapo, voy a tener que intentarlo", recordó haber pensado entonces entre risas.
Las convulsiones empezaron en 2002, cuando Jesse tenía 25 años. Al principio eran leves: se ponía colorado, sentía náuseas y luego percibía olor a amoníaco. Estos episodios del lóbulo temporal, a veces llamados convulsiones de "déjà vu", se repetían unas 60 veces por día y lo dejaban exhausto. Después derivaron en convulsiones más graves, con temblores violentos, rigidez muscular, vómitos, mordeduras de lengua y pérdida del control de la vejiga o los intestinos.
La pareja se casó en 2023 y Deaunda dejó su trabajo de casi US$ 50.000 anuales en facturación médica para cuidar a Jesse. Él tampoco podía trabajar: debió renunciar a su puesto en el Departamento de Defensa de Estados Unidos por su condición. La situación económica se volvió tan difícil que los recién casados, de mediana edad, se mudaron a la casa del padre de Jesse.
En diciembre de 2025, mediante un programa de asistencia para personas con discapacidad, la pareja conoció Abby Care, una startup de San Francisco que capacita a familiares o amigos de pacientes con problemas de salud para convertirlos en cuidadores certificados. De ese modo, pueden cobrar en Colorado al menos US$ 20 por hora por la ayuda que ya brindaban a sus seres queridos. La empresa nació por iniciativa de Havi Nguyen, de 26 años, quien fundó la startup a los 21.
Nguyen considera que Abby Care resuelve un problema de oferta dentro de un mercado con una demanda abrumadora. Cree que la empresa puede hacer en la atención médica domiciliaria lo que Uber hizo con los taxis y Airbnb con los hoteles. "¿Por qué no reinventamos un nuevo modelo de atención o sistema de salud donde podamos aprovechar el rol del cuidador familiar o del padre que mejor conoce al paciente?", se pregunta Nguyen.
El mercado es enorme. En 2024, unos 59 millones de cuidadores familiares de adultos en EE.UU., la mayoría sin remuneración, trabajaron casi 50 mil millones de horas, según un informe que AARP publicó en marzo. Con una tarifa promedio de US$ 20,41 por hora, ese trabajo representó un valor cercano a US$ 1 billón en salarios potenciales. Los costos de oportunidad resultaron todavía mayores. Quienes cuidaron gratis a sus familiares acumularon pérdidas anuales de entre US$ 80.000 y US$ 100.000 por menores ingresosy deterioro de la calidad de vida, según un estudio de la Universidad de Pensilvania publicado en mayo.
Abby Care busca que estas personas cobren por su trabajo. Para eso, funciona como proveedor de Medicaid —programa público de seguro médico en los Estados Unidos— y aprovecha las normas que autorizan a los familiares a convertirse en cuidadores remunerados de pacientes que necesitan asistencia a largo plazo, como quienes tienen autismo, parálisis cerebral o son adultos mayores. Los cuidadores pasan a integrar el personal de la empresa, que recibe fondos de Medicaid por medio de las aseguradoras y les paga sus salarios.
Abby Care dicta cursos online para que los familiares obtengan la certificación estatal y suma dos jornadas presenciales, en las que aprenden técnicas como RCP y la maniobra de Heimlich. Después de completar la capacitación, cada cuidador trabaja con uno de los cerca de 80 enfermeros de la compañía para diseñar un plan de atención para el paciente. Una vez definido, utiliza la app de Abby Care para cargar horas, consultar historiales médicos y comunicarse con el asistente de salud con inteligencia artificial de la empresa. Actualmente, la compañía opera en ocho estados, entre ellos Colorado, Pensilvania, Nueva Jersey y Florida.
Abby Care registró ingresos por US$ 15 millones el año pasado. Inversores destacados como Sequoia Capital, Thrive Capital y Khosla Ventures apostaron por la idea y destinaron en total US$ 45 millones al financiamiento de la empresa, cuya última ronda fijó una valoración de US$ 225 millones. "Pensamos: 'Esto es una oportunidad muy interesante si logra crear una plataforma y un mercado'", afirmó Alfred Lin, socio de Sequoia, quien ocupó varias veces el primer puesto en la lista Midas de Forbes, que distingue a los principales inversores de capital de riesgo. Por su éxito inicial y su potencial todavía mayor, Abby Care reúne las condiciones para integrar la lista de las próximas startups multimillonarias de este año, nuestra selección anual de aquellas empresas que, según nuestras estimaciones, tienen posibilidades considerablemente mayores de alcanzar, en los próximos años, una valoración de US$ 1.000 millones.
Nguyen creció en Baytown, Texas, un suburbio situado 40 kilómetros al este de Houston. Sus padres, ambos inmigrantes de Vietnam, tenían un salón de manicura, donde Nguyen pasaba los fines de semana y los veranos: atendía la caja, limpiaba los pisos y pintaba uñas. El negocio familiar dejaba muy pocas ganancias. Como los ingresos de su familia eran lo suficientemente bajos para acceder a los beneficios de Medicaid, conoció desde muy chica de primera mano el complejo sistema médico federal y estatal. "Desde muy pequeña, me encargaba de solicitar Medicaid, renovar los beneficios y ayudar a mis hermanas a asegurarse de que pudieran ir a las citas médicas correctas", contó Nguyen. "Te obliga a madurar muy rápido y a asumir esa responsabilidad", aseguró.
Nguyen dio sus primeros pasos en tecnología a los 16 años, cuando aprendió a programar porque quería crear videojuegos. Consiguió una beca para estudiar informática en la Universidad de Columbia y completó prácticas de verano en Google y Facebook. Su primer trabajo de tiempo completo fue en Songbird, una startup de terapia y asistencia psicológica con sede en San Francisco, donde quedó a cargo de la estrategia y las operaciones. Ahí encontró dificultades para conseguir atención domiciliaria para chicos con autismo. Esa experiencia inspiró la idea de Abby Care.
En esos primeros días, Nguyen recorrió el país estado por estado para conocer qué programas ya funcionaban. El cuidado familiar remunerado existe, de una forma u otra, desde hace décadas. Las exenciones para servicios domiciliarios y comunitarios, que permitían a pacientes de Medicaid recibir atención prolongada en sus casas, aparecieron a comienzos de la década de 1980. Sin embargo, ella pretendía que su startup brindara un nivel de atención superior al de la mayoría de los servicios domiciliarios habituales. Su idea era capacitar a familiares para brindar cuidados médicos, con un grado de especialización mucho mayor, y tareas como el uso de respiradores o la alimentación por sonda.
Pronto descubrió que Colorado contaba con un programa así desde 2001. Esa fue la buena noticia. La mala: Nguyen recuerda que, en aquel momento, era uno de apenas tres estados que brindaban ese respaldo para el cuidado familiar domiciliario; los otros eran Nuevo Hampshire y Arizona. "Tuve que tomar una decisión muy difícil", señaló. "¿De verdad querés construir una empresa cuyo modelo solo sea viable en menos de un puñado de estados?", se preguntó.
Pero después pensó en Uber, que debió pelear con uñas y dientes para desembarcar en cada mercado durante sus primeros años. A partir de esa referencia, eligió Colorado como banco de prueba e intentó convencer a otros estados de sumarse. "Por supuesto, el transporte compartido y la atención médica son muy diferentes", aclaró. "Si lográs demostrar que la propuesta de valor es correcta, ¿podrías usar eso para influir en otros estados o en las regulaciones para que cambien con el tiempo?", planteó.
El escenario regulatorio dio un giro después de la pandemia, cuando los estados ampliaron el respaldo a la atención domiciliaria porque las personas buscaban permanecer seguras dentro de sus casas. Según Nguyen, 37 estados ya respaldan el tipo de atención que brinda Abby Care, aunque por ahora la empresa opera solamente en ocho. El salto, sin embargo, todavía exige superar barreras políticas y administrativas.
La dependencia de Medicaid expone al negocio a riesgos considerables: un cambio repentino en las políticas puede alterar su modelo. La ley "One Big Beautiful Bill", impulsada por el presidente Donald Trump, incluyó recortes presupuestarios superiores a US$ 1 billón en salud y sumó nuevas restricciones y exigencias laborales para acceder a Medicaid. Ante ese escenario, algunos estados donde opera Abby Care, como Colorado e Indiana, propusieron reducir drásticamente el pago a los cuidadores familiares. "La política es compleja y, se esté de acuerdo o no, creo que esta ley transmite un mensaje claro", afirmó Nguyen: "Es un mensaje que dice: ‘Invertimos mucha plata en nuestro sistema de salud estadounidense y debemos evaluar si estamos obteniendo beneficios de él’", agregó.
El otro problema es el fraude persistente que afecta al mercado de la atención domiciliaria. En junio, por ejemplo, el fiscal general de Pensilvania acusó a dos cuidadores de apropiarse de US$ 180.000 de Medicaid mediante el registro de horas que no trabajaron. ¿Por qué, entonces, grandes firmas de capital de riesgo, que también respaldan a OpenAI o SpaceX, confían en Abby Care? "Su enfoque en la IA marca una gran diferencia", afirmó Nworah Ayogu, socio de Thrive Capital. Además, señaló que las herramientas de software de la empresa permiten a los cuidadores "operar a un nuevo nivel". Lin, de Sequoia, explicó que los requisitos de registro digital de la app ayudan a la startup a detectar irregularidades y combatir el fraude con mayor eficacia.
Para Jesse y Deaunda, Abby Care resultó una ayuda decisiva. Antes de dejar su trabajo para cuidarlo, Deaunda vivió un episodio alarmante: Jesse dejó de responder el teléfono mientras visitaba a su padre. Cuando fue a buscarlo, lo encontró inconsciente y con un moretón en la cara, después de que una convulsión le provocara una caída, y lo trasladó de urgencia a una guardia. La atención costó cerca de US$ 80.000. Nadie puede asegurar que otro accidente no ocurra, pero a Deaunda le da tranquilidad saber que ahora recibe un salario por ese trabajo.
