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Las rutinas adaptadas pueden sostener la masa muscular, cuidar la estructura ósea y facilitar acciones diarias como subir escaleras, cargar compras o levantarse del piso

La pérdida de masa muscular puede comenzar de manera gradual desde los 30 años y hacerse visible décadas después, cuando tareas cotidianas como levantarse de una silla, subir escaleras o cargar bolsas demandan más esfuerzo. Frente a ese proceso, el entrenamiento de fuerza después de los 50 años ayuda a conservar músculo, proteger los huesos y sostener la autonomía física.

Según explicó el entrenador certificado Charlie Grundas, propietario de We, The Collective Fitness, en Chicago, el objetivo no se limita a mejorar el rendimiento deportivo. Mantener la fuerza permite preservar movimientos básicos de la vida diaria, desde recoger un objeto del piso hasta sentarse y levantarse sin asistencia.

TIME indicó que las personas pueden perder entre 3 % y 5 % de masa muscular magra por década a partir de los 30 años. Para muchas, la reducción se vuelve perceptible cerca de los 60, etapa en la que puede afectar la movilidad y aumentar la vulnerabilidad ante caídas.

El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte recomienda realizar entre una y tres series de seis a 15 repeticiones por ejercicio. La regularidad resulta central: el entrenamiento debería practicarse, idealmente, al menos dos veces por semana, con una rutina adaptada a la condición física de cada persona.

1. Las sentadillas reproducen el gesto de levantarse de una silla

La sentadilla con peso frente al pecho, conocida como goblet squat, trabaja cuádriceps, isquiotibiales, glúteos y músculos abdominales. Su utilidad está vinculada con una acción frecuente: ponerse de pie después de estar sentado.

Para realizarla, se sostiene una mancuerna o pesa rusa a la altura del pecho, con los pies algo más separados que el ancho de los hombros. Luego, se llevan las caderas hacia atrás y se flexionan las rodillas hasta llegar a una posición cómoda. El ascenso debe hacerse al empujar con ambos pies contra el suelo.

Quienes todavía no se sientan seguros con el movimiento pueden usar una escalera. El ejercicio consiste en descender un escalón hasta apoyar el talón y regresar a la posición inicial mediante el impulso de la pierna que permanece arriba. Esa variante conserva el trabajo de los principales músculos de las piernas.

2. Sentarse y levantarse del suelo mide fuerza, movilidad y equilibrio

El test de sentarse y levantarse del suelo combina el trabajo de las piernas y el abdomen con exigencias de equilibrio y movilidad. La consigna es bajar al piso con las piernas cruzadas y volver a ponerse de pie con el menor apoyo posible de manos, rodillas u otras partes del cuerpo.

Una investigación publicada en 2026 por el European Journal of Preventive Cardiology observó que quienes podían completar esta tarea sin apoyos presentaban un riesgo de muerte cuatro veces menor durante el período analizado que quienes necesitaban mayor asistencia. El resultado no implica que el ejercicio por sí mismo determine la longevidad, pero lo presenta como un indicador de capacidad funcional.

Grundas aconseja iniciar con tres a cinco repeticiones y utilizar las manos cuando sea necesario. La meta puede ser reducir progresivamente los apoyos, sin forzar articulaciones ni comprometer el equilibrio.

3. El press sentado apunta a las tareas que exigen levantar los brazos

Press Arnold con mancuernas – Sentado | Gymkee

El press de hombros sentado fortalece la musculatura necesaria para guardar vajilla en estantes altos o colocar una valija en el compartimiento superior de un avión. Se realiza sentado sobre un banco firme, con los pies apoyados y una mancuerna en cada mano a la altura de los hombros.

Desde allí, se elevan las pesas por encima de la cabeza hasta extender los brazos sin bloquear los codos. Después de una pausa breve, se baja el peso de manera controlada. La recomendación es completar entre seis y 15 repeticiones.

 

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