El panorama automotriz local se enfrenta a un punto de quiebre histórico. A pesar de registrar un crecimiento en sus ventas, una marca emblemática del mercado local deja de fabricar autos en la Argentina. Se trata de la inminente discontinuación del Citroën Berlingo, un modelo emblemático cuya producción se concentraba en la planta bonaerense de Palomar. Con esta decisión de la casa matriz, se representa el cierre, al menos por el momento, de una rica historia de producción nacional de vehículos de la marca francesa que comenzó en el año 1960.
A lo largo de estas más de seis décadas de trayectoria industrial, las líneas de montaje argentinas vieron nacer modelos icónicos como el 2CV y 3CV, automóviles que movilizaron a generaciones de argentinos y se convirtieron en símbolos culturales de las rutas del país. El desarrollo de la firma continuó evolucionando con los años hasta llegar a la fabricación del moderno C4 Lounge, que quedó registrado como el último vehículo de pasajeros de la marca producido en suelo nacional.
Los antecedentes de interrupción industrial
Para comprender el contexto actual de la firma francesa, es necesario analizar el pasado. No será, sin embargo, la primera vez que Citroën interrumpe sus operaciones industriales en el país. El recorrido de la automotriz en Argentina ya ha sabido de pausas prolongadas y reconfiguraciones corporativas de gran escala.
Específicamente, existió un bache productivo que se extendió desde 1979 a 1990. Este período de inactividad fabril comenzó entre la finalización del ciclo productivo de los populares 3CV y Ami 8, y se prolongó firmemente durante una década completa. El silencio en las líneas de montaje nacionales concluyó recién con el retorno con la fusión entre Citroën y Peugeot en PSA, un hito comercial que permitió reactivar la presencia industrial de la marca del doble chevrón en la Argentina. Durante todo ese lapso intermedio de once años, tampoco se fabricaron vehículos de la marca en el país.
La era Stellantis y la concentración de poder en Palomar
En la historia reciente, las dinámicas de producción volvieron a modificarse de raíz. Con el advenimiento de Stellantis, el gigante automotriz global, la estrategia para la fábrica de la provincia de Buenos Aires se reestructuró notablemente. Bajo este nuevo esquema corporativo, la fabricación local de la marca francesa quedó reservada exclusivamente a dos versiones específicas: el Citroën Berlingo furgón y pasajeros.
En paralelo a esta limitación en la oferta de Citroën, el complejo industrial de Palomar fue testigo de un cambio de prioridades geográficas y de marcas. Fue una planta en la que tomó mayor relevancia Peugeot. La firma del león no solo compartió las líneas de montaje con el furgón equivalente de la línea Partner, sino que además enfocó el grueso de su capacidad operativa en proyectos de alto volumen. De este modo, la planta se focalizó fuertemente en los modelos 208 y 2008 como principales productos de la estrategia regional de la corporación.
Las dos razones de peso detrás de la decisión
La finalización del ciclo de los actuales utilitarios livianos de Stellantis en la planta de Palomar no fue una determinación imprevista; el medio de comunicación Infobae adelantó en abril este desenlace. Según los datos del sector, la medida se deba a dos razones de peso tan fuertes una como la otra:
La antigüedad de los modelos y la contracción del mercado: La primera generación de ambos modelos data de 1998, lo que evidencia un ciclo de vida sumamente extenso. Actualizarlos requería una inversión de grandes proporciones para un segmento de nicho, caracterizado por un poco volumen de ventas. La pérdida de terreno de estos utilitarios en el mercado local es contundente: pesaba un 5,5% hace tres años y hoy apenas está en un 2,5% del total de autos patentados.
Beneficios arancelarios por acuerdos internacionales: La segunda razón es la posibilidad concreta de renovar los actuales furgones de ambas marcas por la nueva generación europea. Gracias al acuerdo comercial vigente entre los mercados del Mercosur y la Unión Europea, estos vehículos ahora pueden ser importados con un beneficio impositivo clave, pagando un arancel extrazona del 17,5% en lugar del 35% normal que rige para todos los vehículos extrazona fuera de algún tipo de cupo.
Transición, stock y salto de categoría
Frente a este escenario de sustitución, las autoridades del grupo automotriz ya han diseñado el esquema de salida para no afectar el abastecimiento inmediato de la red comercial. Stellantis confirmó la semana pasada la convivencia de ambos modelos por algún tiempo determinado.
Esta transición ordenada se sostiene sobre factores logísticos muy claros:
Todavía queda un remanente de unidades en el giro industrial que ocuparán parte del mes de junio.
Existen unidades disponibles en el stock de la fábrica y en la red de concesionarios oficiales.
Esta convivencia temporal en el mercado también responde a una marcada diferenciación técnica y de posicionamiento comercial entre ambos vehículos. El nuevo modelo importado que llegará desde el Viejo Continente se distancia de su antecesor nacional al incorporar un mayor equipamiento y tecnológica, situándose un escalón por encima en la escala de valor. De este modo, la renovación implica un salto de categoría definitivo en el mercado local: mientras que el viejo Berlingo es un furgón B, el nuevo pertenece al segmento C.